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ÍNDICE DE PERCEPCIÓN DE ESPAÑA EN LOS MERCADOS FINANCIEROS


Análisis de
Marcos Peña

Presidente del Consejo Económico y Social
Análisis del segundo trimestre de 2017

Entre las percepciones externas y las tendencias internas, una explicación europea

Podríamos decir, sintetizando, que el Índice muestra un cierto retroceso respecto del anterior trimestre, que no impide la continuidad en la línea de mejora iniciada el pasado año. Los puntos fuertes, que refuerzan la evolución positiva serían la bajada de la volatilidad bursátil y la continuidad en la caída de la prima de riesgo. El punto débil más significativo, el descenso de la inversión exterior directa.

Para interpretar y contextualizar estos datos, sería bueno recordar que corresponden a un periodo en el que los indicadores económicos y sociales más significativos evolucionaron positivamente. La EPA del segundo trimestre incluye un crecimiento de los ocupados respecto al trimestre anterior del 2,03%, que confirma la tendencia temporal más amplia que se refleja en el 2,80% de crecimiento de la tasa anual de ocupación; en paralelo, la tasa de paro decreció 1,53 puntos respecto del trimestre anterior, siendo de 2,78 puntos el descenso de la tasa anual. La Contabilidad Nacional nos muestra un crecimiento del PÎB del 0,9%, siendo el crecimiento respecto al mismo trimestre del año anterior del 3,1%. Y conviene subrayar, pensando en la ubicación de la economía española en el contexto internacional, que la contribución de la demanda nacional al crecimiento anual del PIB es de 2,4 puntos, aportando 0,7 puntos a este crecimiento la demanda exterior. Y si hablamos de percepciones de la situación económica, el Índice de Confianza Empresarial experimentó un crecimiento del 1,8% en el segundo trimestre de 2017, bastante más elevado que el promedio de crecimiento del año anterior, en torno al 0,5%.

En una primera impresión, parecería que los indicadores internos evolucionan más positivamente que los externos, y lo primero que habría que decir es que esta separación entre lo interno/nacional y lo externo/internacional cada vez menos puede verse como una dicotomía, de categorías o mundos incomunicados. Baste con recordar los muy negativos periodos en los que la espiral de crisis de deuda privada se trasladó a crisis de deuda pública para ser conscientes de la capacidad de retroalimentación, para mal y para bien, entre las dimensiones interna y externa de una economía abierta como la española. Y esto nos lleva a plantear algunas cuestiones.

La primera, sobre el descenso de la inversión exterior directa. ¿Hasta qué punto tiene que ver con razones endógenas, relativas a la capacidad de atracción de inversiones de la economía española? ¿Serían más bien razones exógenas, relacionadas con un retraimiento más global de las inversiones, las que prevalecerían para explicar este fenómeno? En definitiva, habría que reflexionar sobre los efectos de cuestiones como la evolución del comercio internacional, las tentaciones proteccionistas o, más en general, la nueva distribución del poder económico (y no solo el económico) a escala global.

La segunda cuestión tiene que ver con la bastante tranquilizadora situación de la prima de riesgo. Con la perspectiva de los nada tranquilizadores momentos vividos en la crisis de la deuda soberana, habría que preguntarse las razones de esta evolución, y hacerlo, particularmente, desde una perspectiva. Esta evolución positiva, ¿se ha debido solo a una evolución de la situación económica o también a medidas políticas adoptadas en la UE? Sea cual sea la respuesta a estas preguntas, aún hay camino a recorrer para una mayor consolidación y desarrollo de la gobernanza económica de la UE. Y probablemente sea este el momento de hacerlo. No se trataría ya, como hasta ahora, de una apresurada respuesta reactiva a una crisis difícilmente manejable, sino de una decisión tomada con perspectiva preventiva y, sobre todo, vinculada a una visión más amplia del proyecto político europeo.




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