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IMAFIN Índice de Percepción de España en los Mercados Financieros


Análisis de David Vegara

Profesor asociado de ESADE. Ex secretario de Estado de Economía y exdirectivo del FMI
Percepciones y realidad

Los efectos de la crisis financiera internacional han sido tan devastadores como perceptibles. En el lustro 2007-2012 cerca de 28 millones de ciudadanos de todo el mundo perdieron su puesto de trabajo y, si se añade el colectivo de trabajadores que dejaron de buscar empleo, la cifra alcanzaría los 67 millones. Un enorme desperdicio de recursos y un empobrecimiento en términos de generación de renta, oportunidades, capacidades y proyectos vitales. 

En nuestro país las cifras son más que conocidas e igualmente preocupantes. Los desequilibrios acumulados y las elevadas necesidades de financiación exterior tuvieron efectos demoledores una vez que los mercados internacionales interrumpieron los flujos que -hasta ese momento- habían puesto a disposición del país. La situación empeoró significativamente al producirse algo inesperado hasta ese momento, al menos en parte de los estados de la zona euro más afectados por la crisis, España entre ellos: una paralización repentina e indiscriminada (una sudden stop) de la financiación exterior en el marco de la unión monetaria. Una “renacionalización” de los flujos que hasta ese momento habían cruzado fronteras, quizás de forma demasiado alegre.

Lo anterior no significa que los países que habían acumulado mayores desequilibrios no necesitaran reconducirlos, sino que los reajustes son siempre menos dolorosos si se toman las medidas adecuadas… pero al mismo tiempo se dispone de tiempo y financiación en términos razonables (de ahí, por ejemplo, la creación del Mecanismo Europeo de Estabilidad o MEDE).

Esta visión, necesariamente muy resumida, ayuda a poner de manifiesto cómo emergen dos necesidades imperiosas en medio de estos episodios. La primera, relativa a la necesidad de generar confianza, en parte para conseguir la financiación que se ha perdido pero también para sentar las bases de una recuperación sólida. Esta es tarea de todos, desde el conjunto de las administraciones hasta las empresas, pasando por –entre otros- los agentes sociales. La segunda necesidad tiene que ver con la conveniencia de contar con información relativa a esta confianza. ¿Cómo debe ser esta información? Buena y bien ordenada, que proporcione señales de la percepción que los inversores en general, y los extranjeros en particular, tienen sobre el estado de la economía y la evolución del país y, en consecuencia, su predisposición a invertir en el mismo.

Siempre encontraremos indicadores parciales o individuales de carácter meramente informativo. La ventaja del Índice SFP desarrollado por Accenture radica en que concentra un importante volumen de información de forma resumida, comprensible y conveniente. No pretende anticipar flujos, sino leer los datos y extraer información útil sobre sus señales. Identificar, en definitiva, percepciones de aquellos que están tomando decisiones y arriesgando recursos.

El Índice es el resultado de la combinación de un conjunto de información relativa a precios y cantidades (flujos) pero también de opiniones y variabilidades (volatilidad). Entre los primeros incorpora la prima de riesgo de la deuda pública y los flujos de inversión extranjera (en cartera y directa). Entre los segundos extrae señales analizando la evolución de la opinión (rating) de las empresas de calificación, las recomendaciones de los analistas de renta variable para las empresas del IBEX-35 y la volatilidad relativa de éste frente al principal índice europeo.

Ser conscientes de las percepciones que tienen los inversores foráneos permite aumentar el nivel de concienciación interna y facilita tomar medidas encaminadas a solucionar problemas. Y es que a veces, trabajando sobre las percepciones, se puede también transformar la realidad.