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ÍNDICE DE PERCEPCIÓN DE ESPAÑA EN LOS MERCADOS FINANCIEROS


Análisis de Manuel Conthe

Ex presidente de la CNMV y Secretario de Estado de Economía
Análisis del Segundo trimestre de 2016

En este segundo trimestre de 2016, el Índice de Percepción Financiera “da una de cal y otra de arena”: su nivel medio subió ligeramente (de 79 a 81) respecto al trimestre anterior; pero en el último mes, de mayo a junio, bajó de 83 a 76.

Los aficionados al fútbol conocen la experiencia: aunque el resultado del partido no sea malo (un empate o incluso una victoria mínima), no volverán a casa contentos si en los minutos finales el equipo rival jugó mejor e incluso marcó un gol. Nuestra felicidad depende, a la postre, no de los valores absolutos de las variables, sino de sus cambios respecto a nuestro nivel de referencia. Todos lo sabíamos, aunque fue el Premio Nobel Daniel Kahneman el primero en desarrollar a fondo esa idea.

No creo, sin embargo, que debamos atribuir mucho significado a la evolución del índice en el segundo trimestre, ni para bien ni para mal.

Para empezar, las Bolsas de valores europeas tuvieron una reacción demasiado virulenta ante el imprevisto resultado adverso del referéndum sobre el Brexit; y la española, muy influida por pocos y grandes valores –con mucha actividad en el Reino Unido-, reflejó con más intensidad esa conmoción internacional (un especialista diría que el “beta” de la Bolsa española es muy alto).

Pero tampoco debemos echar las campanas al vuelo por la moderación del nivel y volatilidad de la prima de riesgo de la deuda española: la política de compras de deuda soberana por el Banco Central Europeo (BCE) está estabilizando y reduciendo su rendimiento absoluto y sus diferencias o primas de riesgo, y no sabemos cuál sería la situación en los mercados financieros si el BCE suspendiera sus compras. Por otro lado, también el bajo nivel del Euribor está teniendo un efecto favorable sobre los deudores hipotecarios españoles –sus préstamos son casi todos a tipo variable, a diferencia de lo que ocurre en otros países europeos-, lo que está alegrando el consumo privado de las familias, aunque amenace la rentabilidad de los bancos.

El indicador de inversión extranjera directa en empresas españolas sigue probablemente apuntando una de las grandes fortalezas de la economía española: aunque desde hace años ya teníamos un gran grupo de empresas muy internacionalizadas, la crisis financiera y económica de los últimos años ha espoleado la vocación internacional de muchos otras de menor tamaño, que se han abierto al capital extranjero y han incrementado sus exportaciones.

Finalmente, el prolongado y reiterado clima pre-electoral que España viene viviendo desde 2015 no ha facilitado la adopción de medidas rigurosas de ajuste fiscal que reduzcan el déficit presupuestario excesivo y acrecienten la sostenibilidad de nuestra elevada deuda pública.

Los seres humanos tenemos una tendencia innata a atribuir sentido causal a datos y fenómenos a corto plazo, aunque estén muy influidos por factores puramente aleatorios: a menudo nos engaña el azar y resultamos fooled by randomness, en la memorable expresión de Nassim Taleb. Por parecida razón, los mercados financieros a veces sobre-reaccionan, hacia arriba o hacia abajo (aunque solo hablemos de “especulación” cuando vienen mal dadas).

A medio y largo plazo, sin embargo, los mercados y los inversores suelen acertar y ponen a cada cual en su sitio. Por eso, el futuro de la Marca España dependerá del apoyo ciudadano a aquellas políticas y reformas económicas que favorezcan la prosperidad.