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ÍNDICE DE PERCEPCIÓN DE ESPAÑA EN LOS MERCADOS FINANCIEROS


Análisis de Juan
José Toribio

Profesor del IESE
Análisis del cuarto trimestre de 2016

Índice de Percepción

Como parece deducirse del “índice de Percepción”, los mercados financieros han valorado correctamente la situación española en el último trimestre de 2016. Lo han hecho, no solo en lo que se refiere a la tendencia y volatilidad en los precios de activos – incluidos los que integran el IBEX 35- sino, a mi modo de ver, en lo relativo al conjunto de parámetros que configuran el panorama económico español.

Aparentemente, la confianza de los mercados financieros hacia España evoluciona en paralelo casi perfecto a la variación de nuestro cuadro macroeconómico, con alzas sustanciales del “índice de percepción” desde el primer trimestre de 2013 (punto más bajo del ciclo español) hasta principios de 2016. A lo largo de este último año, el índice registra una tendencia también ascendente, aunque más ligera, y que, en todo caso, les acercan gradualmente a los niveles anteriores a la crisis. El paralelismo resulta evidente, porque esa evolución del Índice es justamente la que también define nuestra economía en su conjunto.

Si algo podría sorprender- siquiera sea ligeramente- en la tendencia del “índice de Percepción”, y en su variación durante el último trimestre de 2016, es que no se hayan alcanzado ya los niveles pre- crisis, habida cuenta del fotograma tan favorable que hoy podría extraerse de la situación económica española. Tal instantánea revelaría, en efecto, un cuadro español cercano al óptimo y, desde luego, muy superior al de épocas históricas recientes.

Puede, a este respecto, considerarse que toda economía se encuentra próxima al nivel de excelencia cuando su PIB crece de forma sustancial, sostenida y armónica en su composición, con estabilidad de precios internos, generación importante de empleo, y equilibrio (o mejor, superávit) en su balanza de pagos. Se trata, como cabría advertir, de una colección de atributos difícilmente conciliables.

Muy pocos países, y durante muy cortos tramos de su historia, han registrado una conjunción absoluta de tales parámetros, pero todos ellos son precisamente los que parecen configurar la actual situación económica española, por increíble que a algunos parezca. Crecemos, en efecto, a la tasa sustancial del tres por ciento (o ligeramente por encima) y venimos haciéndolo sostenidamente durante los últimos siete trimestres, con sólido fundamento en las exportaciones y en la formación bruta de capital. Crecemos además sin inflación, con superávit en la balanza exterior, y con un índice de generación de empleo próximo a la propia tasa de crecimiento del PIB.

En el cuarto trimestre de 2016, el Índice parece revelar esa percepción positiva de la situación española, pero matizada con cierto grado de prudencia. Obviamente, los mercados financieros no solo están contemplando el fotograma económico del momento, ni tampoco su reciente tendencia evolutiva, sino que anticipan y descuentan su visión respecto al futuro, en cuanto que ello pueda afectar al precio de los activos financieros y a la rentabilidad de las inversiones.

En ese futuro, parece lógico considerar que algunos de los vientos favorables que vienen impulsando a la economía española, y algunas de las circunstancias que contribuyen a los restantes atributos favorables de su crecimiento, pueden ser menos positivos que en el pasado reciente. Así, en el panorama inmediato, los precios energéticos parecen estabilizados, pero a un nivel superior al de hace un año, mientras la tendencia alcista esperable en los tipos de interés de USA (con su repercusión en los europeos), o las incertidumbres cambiarias, pueden generar una tendencia a la desaceleración económica respecto a 2016. Es cierto que España mantiene una dinámica de crecimiento superior a la de los principales países de su entorno, pero todas las previsiones apuntan a un horizonte de recuperación algo más moderada que en los últimos dos años.

Y, en definitiva, es esa tendencia a la moderación del crecimiento lo que parece explicar que la evolución del “Índice de Percepción” del cuarto trimestre, haya sido favorable, pero a la vez, extremadamente cautelosa. Quizá en exceso.

Más información sobre el Índice de Percepción de España según los mercados financieros. Cuarto Trimestre 2016