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Cuando tu camiseta llama a emergencias

Por Benigno Herrería, Managing Director de Accenture Strategy, Publicado el 23 de Mayo en El Economista

¿Sabe cuántos tornillos son necesarios para ensamblar un avión de pasajeros? Digamos que los suficientes para estar exclusivamente dedicado a su colocación durante varias semanas. Sin embargo, imagine por un momento que el ingeniero con el destornillador no tuviese que localizar todos los puntos de fijación a ojo porque sus gafas inteligentes le diesen de antemano las indicaciones precisas de por dónde comenzar. Ahora, deje de imaginar porque esto ya es una realidad en un fabricante de aviones. Esta compañía es un ejemplo de cómo usar los avances tecnológicos para aumentar la productividad. Este sistema reduce el índice de error y aumenta la eficiencia, eso sí, manteniendo en el centro de la acción a las personas que trabajan con tecnología avanzada. Actualmente estamos viviendo la conocida como “tercera fase de la movilidad en la empresa”. La primera fue la introducción de los dispositivos móviles y el acceso al email desde cualquier parte.

En la segunda fase, las aplicaciones hicieron posible llevar a cabo procesos de trabajo específicos, como gestionar los gastos de viaje sobre la marcha. Ahora, la tecnología wearable está desempeñando un papel crucial en el auge del trabajador conectado, volcando a Internet su progreso y ofreciendo guías concretas sobre los pasos a seguir. Pero, ¿cómo estar al tanto y tomar fotografías de lo que sucede? La respuesta son las gafas inteligentes. Con ellas, los cirujanos pueden vigilar los signos vitales de los pacientes en todo momento. También son esenciales para aquellos que trabajan en el mantenimiento de refinerías y oleoductos y que necesitan tener las manos desocupadas. La tecnología wearable continúa mejorando con la integración de información generada por sensores habilitados en el entorno. Cualquiera que trabaje con materiales peligrosos valorará positivamente un mensaje de “peligro, gases tóxicos” en sus gafas inteligentes, por ejemplo. Imagine cuán útil sería que unos sensores de localización en las camisetas de los equipos de rescate en las minas les ayudasen a encontrar a mineros atrapados, ya que ello también llevarían sensores de localización. Además de salvar vidas, esto supone una importante oportunidad de negocio para aquel que ofrezca aplicaciones, wearables y “servicios de plataformas conectadas”. También es cierto que todo esto está comenzando y el proceso de adopción llevará tiempo. De hecho, según el último estudio de Accenture sobre el sector industrial, cuatro de cada cinco directivos ven el inmenso valor añadido de la Fuerza de Trabajo Industrial Conectada, pero solo uno de cada cinco ha comenzado a actuar al respecto.

Las actividades de fabricación y producción están sufriendo grandes cambios con la integración de las máquinas y la inteligencia artificial con las personas, dando lugar a esta nueva plantilla industrial conectada. Mediante la combinación de tecnologías relacionadas con la movilidad, seguridad y la monitorización con analytics, las compañías están mejorando las actividades del trabajador industrial. Al mismo tiempo, el campo de aplicación solo está limitado por la imaginación de los desarrolladores. Así que, ¿cómo abordar esto? Una aproximación es el uso del design thinking para identificar posibles aplicaciones. Este método es el complemento perfecto para la ingeniería clásica: en lugar de desarrollar lo que es técnicamente posible y después considerar si tiene lugar en el mercado, las empresas se sitúan en el lado del cliente y se preguntan qué es lo que necesita. De este modo, enseguida queda claro qué enfoques son buenos para las compañías y cuáles no, y cómo controlar los riesgos y ganar dinero con los nuevos servicios a través de la tecnología digital. Todo esto, sin mencionar el impacto financiero en los resultados de las empresas. Accenture Strategy estima que para 2020 una plantilla industrial conectada podría ayudar a un fabricante de automóviles con unos ingresos anuales de 50.000 millones de euros a conseguir hasta 500 millones adicionales de beneficios (incluyendo 50 millones de beneficios adicionales en I+D, 420 millones en fabricación y suministro y 30 millones postventa). ¿Pueden las compañías seguir ignorando estos avances tecnológicos?