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DIGITALIZACIÓN Y ECONOMÍA CIRCULAR

Por Manuel Torres, Managing Director de Accenture, en Política Exterior


Por Manuel Torres, Managing Director de Accenture. Publicado el 15 de julio de 2016 en Política Exterior.

El proceso de digitalización de la economía mundial es un fenómeno aparentemente imparable que nos promete un crecimiento económico más rentable y duradero (1), aunque no exento de aspectos controvertidos y, probablemente, de riesgos.

La digitalización en su estadio actual, impulsada por el abaratamiento y el incremento de la capacidad de computación de los ordenadores, que crece exponencialmente cumpliendo la famosa predicción formulada por Gordon E. Moore en 1965 (2), se fundamenta en la capacidad por parte de empresas y organizaciones públicas de tratar de forma distribuida cantidades masivas de datos.

Ello se realiza aplicando algoritmos cada vez más avanzados con el fin de anticipar y personalizar los servicios prestados a empresas y consumidores a través de canales digitales o plataformas, enriqueciendo las prestaciones de sus productos mediante la incorporación de capas adicionales de servicios o sustituyendo la propiedad por el acceso.

Google, los dispositivos Apple y su tienda online iTunes y Spotify serían ejemplos ya clásicos de cada uno de ellos.

Este cambio paradigmático de modelo tecnológico y de negocio podría tener profundas implicaciones económicas y sociales con carácter global:

  • En primer lugar, se reducen significativamente las barreras de entrada, colocando a industrias enteras ante el riesgo de la temida “disrupción digital”. Y ello en sectores en los que, hasta hace poco, la competencia estaba limitada a un número reducido de empresas que se beneficiaban de las economías de escala originadas por sus inversiones iniciales y de la cercanía física de sus redes de distribución a los consumidores.
  • En segundo lugar, y en contraste paradójico con lo antes indicado, la disrupción digital favorece la aparición de algunos “ganadores absolutos” que se hacen con todo o casi todo el mercado. Amazon vendió el 65% de todos los libros electrónicos adquiridos en los Estados Unidos durante 2015 a través de sus dispositivos Kindle (3); WhatsApp afirmaba en febrero de 2016 (4) contar con mil millones de usuarios de su aplicación de mensajería instantánea en el mundo.
  • En tercer lugar, la digitalización puede contribuir a acelerar el actual proceso de distribución de la renta hacia el capital, fenómeno habitualmente asociado al incremento de la desigualdad, lo que, a su vez, suele estar relacionado con una mayor inestabilidad social y política. La OCDE (5) estima que la participación del trabajo en la renta nacional de las 30 economías más avanzadas del mundo se redujo desde el 66,1% en 1990, al 61,7% en 2009, observándose la caída en veintiséis de los países considerados. Aunque la explicación de las causas de este fenómeno es controvertida (6), algunos autores no dudan en asociarlo al desacoplamiento de la productividad y el empleo observado en la economía digital (7)

Adicionalmente, el hecho de que estos tres factores operen a escala global hace esperar que sus efectos no sean homogéneos a nivel local y regional, siendo probable que se produzcan desplazamientos y concentraciones significativas de la actividad económica en los polos de mayor capacidad de desarrollo tecnológico y atracción de capital: Estados Unidos atrajo durante el período 2006-2013 el 70% de las inversiones en capital riesgo en el mundo (8).

Esta nueva configuración de la actividad económica promete beneficios en la forma de abundancia de servicios digitales gratuitos o a muy bajo precio; incrementos generalizados en la eficiencia económica; mejoras sustanciales en algunos servicios fundamentales como la sanidad o la educación y la mitigación de los riesgos derivados del calentamiento global.

Cabe preguntarse en este punto, ¿cuáles son las perspectivas para Europa y, en particular, para España, en este nuevo escenario que se dibuja? ¿Qué actuaciones se podrían llevar a cabo desde las políticas públicas para materializar las promesas de la digitalización, eludiendo los riesgos que la misma ocasiona?

Para dar respuesta a estas preguntas se describen, a continuación, dos escenarios que delimitarían los dos extremos del horizonte de posibilidades y el esbozo de una posible estrategia de transición que, liderada por Europa, condujese hacia lo que se podría denominar una digitalización democrática e inclusiva.

El primer escenario, que podría definirse como distópico, se caracterizaría por una contracción repentina y muy rápida del empleo y de los ingresos fiscales de los estados, inducida por la automatización acelerada de la economía. A la automatización y subsiguiente crisis fiscal les seguiría un fuerte incremento de la concentración de la riqueza, acompañado de unos niveles de inestabilidad y polarización política similares a los del periodo de entreguerras.

De hecho, Osborne y Frey, en su famoso artículo de 2013(9), ya estimaban que el 47% de las ocupaciones actuales en los Estados Unidos podrían automatizarse en los próximos veinte años.

Por otra parte, el antiguo ministro de economía sueco, Anders Borg, alertaba recientemente desde el World Economic Forum (10), de que, en un contexto de automatización y pérdida de empleo, “los impuestos perderán capacidad recaudatoria y sus efectos negativos sobre la sociedad se incrementarán”.

Este escenario tendría una variante futurista que colocaría a la especie al borde la catástrofe (11).

El “riesgo existencial” podría ser el resultado de la superación de la inteligencia humana por la artificial a partir de ese inquietante momento de la Singularidad tan bien descrito por Ray Kurzweil (12), lo que nos abocaría a convertirnos en las meras mascotas de nuestra propia creación.

Nuestro dramático final podría ser también, de acuerdo con el historiador israelí Yuval Harari (13), el resultado del aprovechamiento por parte de una minoría de las potencialidades de la ingeniería genética y las mejoras cognitivas.

Ello les permitiría crear linajes de súper hombres, conduciendo al conjunto de la especie a una divergencia inédita desde la aparición del homo sapiens entre los homínidos hace casi doscientos mil años.

En el otro extremo, podría encontrarse una arcadia digital construida sobre la eficiencia y la abundancia, en la que el ser humano, una vez superada la maldición de la escasez, se reencuentra consigo mismo en una sociedad post-laboral.

Se trataría de un mundo constituido por individuos en red, sin jerarquías efectivas (14), capaces de revertir la degradación ambiental y sin tensiones sociales ni políticas apreciables.

En ambos escenarios no existirían ganadores y perdedores nacionales claros, al menos en los términos en los que hoy entenderíamos tal cosa, más bien, perdería o ganaría el colectivo, la especie.

La realidad se encontrará probablemente en algún punto entre ambos escenarios, dependiendo su emplazamiento final de la habilidad de los estados y las instituciones para gestionar la transición hacia el nuevo modelo económico y social.

España, como potencia mediana en población y capacidad económica, no se encuentra todavía en una posición particularmente destacada en lo que respecta a su capacidad de ejercer una función de liderazgo hacia una transformación digital no disruptiva y compatible con sus valores democráticos y sociales.

De acuerdo con el Índice de la Economía y la Sociedad Digitales elaborado por la Comisión Europea (15), España ocupa la posición décimo quinta dentro de la Unión, ligeramente por debajo de la media europea y dentro del cuadrante de países en proceso de “ponerse al día”. El ranking lo lideran Dinamarca, los Países Bajos y Suecia.

Por su parte, el Digital Evolution Index de la Fletcher School de la Universidad de Tufts colocaba a España, considerando su evolución durante el periodo 2008 a 2013, en la posición vigesimoquinta de entre los cincuenta países considerados, en una zona caracterizada por la existencia de retos y oportunidades y una cierta pérdida de posición relativa del país (16).

Mejorar nuestra posición actual y contribuir al desarrollo de un modelo económico y social más justo y equilibrado, pasa por establecer y llevar a cabo una estrategia que contribuya a fortalecer nuestra posición en el mundo del porvenir digital y a incrementar la capacidad de influencia de España en el marco de la Unión Europea.

En el plano nacional y desde la perspectiva de las políticas públicas, el propósito de reorientar el modelo económico español hacia una economía más sostenible, impulsada por una mayor intensidad tecnológica, pasaría por considerar, entre otras, las siguientes cuestiones:

  • En primer lugar, la necesidad de impulsar el desarrollo de la economía circular (17) en España como elemento central de su estrategia de crecimiento a largo plazo (18) y con el fin de colocarnos a la cabeza de la generación de energías renovables y de la eficiencia energética en Europa.
  • En segundo lugar, la conveniencia de integrar de forma efectiva el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación en tres planos diferenciados: la eficiencia en la gestión y la desburocratización de la práctica científica (19), el desarrollo de una red nacional de incubación y el refuerzo de la coinversión público privada en innovación y gestión de las inversiones con el fin de profundizar en la maduración y profesionalización del sector del capital riesgo público y privado en nuestro país.
  • En tercer lugar, la urgencia de abordar una reforma del Sector Público que permita reforzar la provisión de unos servicios sanitarios, educativos o judiciales excelentes mediante el incremento de la eficiencia administrativa y la liberación de recursos destinados a labores burocráticas o innecesarias en un contexto de mayor automatización de las funciones no finalistas o complementarias.

Mientras que la primera cuestión establecería el marco estratégico de actuación, la segunda generaría los recursos científicos y tecnológicos necesarios para operar el cambio de modelo; la tercera, por su parte, permitiría liberar el potencial de la gestión pública como elemento catalizador del cambio.

La combinación de una estrategia clara para el desarrollo de una economía sostenible, de un sistema de ciencia que, sin descuidar la investigación básica, conecte con el tejido productivo y de un Sector Público activo en la adopción de nuevos modelos de servicio, podría colocar a España en una posición de crecimiento, creación de empleo y refuerzo de su capacidad de influencia dentro del marco europeo.

En lo relativo al empleo, vale la pena mencionar que las estimaciones incluidas en un reciente informe realizado para el Club de Roma sobre el desarrollo de la economía circular (20) en Europa son prometedoras para España en los tres escenarios de evolución considerados.

Mientras que el impulso decidido de las renovables podría generar hasta cien mil empleos adicionales en nuestro país, el incremento de la eficiencia energética y de la productividad de los materiales empleados en los procesos de fabricación, podrían originar doscientos mil empleos adicionales en cada caso.

La instrumentación de una estrategia de estas características podría llevarse a cabo empleando muchas de las herramientas de gestión pública utilizadas habitualmente: incentivos de carácter fiscal, liberalización efectiva y establecimiento de estándares y objetivos de consumo de recursos, además del uso eficaz de la compra pública innovadora (21).

Por otra parte, el éxito de la misma sería difícilmente realizable sin una revisión profunda del sistema tributario a la vista de los cambios que ya se observan en la estructura de la recaudación fiscal de los tributos que, hasta el momento, han financiado el estado de bienestar en España.

La introducción de impuestos graduales sobre las emisiones de gases invernadero o una tributación sobre los beneficios empresariales inversamente proporcional a la concentración del accionariado de las compañías, es ya objeto de discusión en el mismísimo Silicon Valley (22).

En su dimensión exterior y con el mismo fin de hacer realidad una digitalización más inclusiva, España podría contribuir al refuerzo de la integración europea en materia de ciencia e innovación y política social desde dos posiciones:

  • En primer lugar, promoviendo la profundización del proceso de integración de las políticas europeas de fomento de la innovación y de desarrollo del Mercado Único Digital con el fin de evitar la fragmentación y la dispersión de los efectos de las políticas y de su financiación. Para ello, se podría abogar por el desarrollo de un marco europeo de inversiones públicas estratégicas (23) que canalizara fondos focalizados en la aplicación de soluciones tecnológicas a aspectos sociales clave en el contexto del desarrollo de la economía circular en Europa.
  • En segundo lugar, trabajando para la introducción de una agenda social fuerte como herramienta de mitigación de los efectos negativos de la digitalización sobre el empleo y la igualdad de oportunidades. Dicha agenda podría fundamentarse sobre el establecimiento de una garantía europea de mantenimiento de rentas mínimas y sobre el desarrollo de unas políticas educativas y activas de empleo comunes orientadas al desarrollo de un modelo efectivo de educación a lo largo de la vida.

Mientras que la primera propuesta trataría de retomar el papel estratégico de las inversiones públicas en áreas fundamentales para el futuro de la Unión -con la expectativa no sólo de superar los fallos de mercado que condicionan el desarrollo de las tecnologías emergentes, sino de dotar a Europa de las capacidades necesarias que pudieran generar un posterior efecto desbordamiento en el sector privado-, la segunda, trataría de fortalecer el tejido social mediante el desarrollo de programas de fomento del empleo en actividades vinculadas a la sostenibilidad, la sanidad, los servicios sociales y la economía social.

En condiciones de mayor flexibilidad y seguridad en el mercado de trabajo, el empleo tecnológico y verde aportaría ganancias en productividad y calidad ambiental, mientras que los empleos blancos y en otros servicios públicos de carácter social, generarían el volumen necesario para reconducir a la economía europea hacia la senda de creación sostenida de empleo, particularmente en los países del sur (24).

En todo ello, la tecnología desempeñará un papel fundamental, pero siempre y cuando esté orientada a la generación de valor económico y social a largo plazo y de manera sostenida con el fin de evitar, desde la acción colectiva, los riesgos derivados de posibles cambios disruptivos.

Vivimos en una época de desmitificaciones: Yuval Harari (25) sostiene que la generalización de la agricultura supuso una tragedia para el individuo. Nuestro éxito como especie, nos dice, condenó a generaciones enteras de individuos al esfuerzo diario del trabajo en el campo a cambio de una dieta más limitada que la de sus antecesores cazadores recolectores. También trajo consigo toda una nueva forma de organización social fundamentada en la apropiación y en la gestión del excedente.

Si, como muchos apuntan, nos encontramos en la antesala de una trasformación comparable a la de la domesticación de las especies vegetales y animales que dieron pie al surgimiento de las grandes civilizaciones de la Antigüedad, evitemos colectivamente que un historiador, quién sabe si de inteligencia sintética, afirme dentro de unos años, sombría y controvertidamente, que el culmen del desarrollo de la inteligencia de nuestra especie trajo consigo, quizá una vez más, el fracaso del individuo.


(1) Chakravorti, B. et al (2014), Digital Planet: Readying for the Rise of the e-Consumer, Boston, The Fletcher School, Tufts University.

(2) Una economía circular, a diferencia de una lineal, se fundamenta en la producción de bienes diseñados para su reciclaje, reutilización y reaprovechamiento de sus componentes; para conocer más sobre el origen del concepto es recomendable consultar los materiales de la Ellen MacArthur Foundation, https://www.ellenmacarthurfoundation.org/circular-economy (consultada el 20 de junio de 2016)

(3) El desarrollo de la misma podría aportar más de cuatro billones adicionales de dólares a la economía mundial hasta 2020, de acuerdo con las estimaciones de Accenture y Lacy, P. y Rutqvist, J. (2015), Waste to wealth. The circular economy advantage, Londres, Palgrave.

(4) Graeber, D. (2015), The utopia of rules. On technology, stupidity, and the secret joys of bureaucracy, Brooklyn, Melville House Publishing.

(5) Wijkman, A. y Skånberg, K., The circular economy and benefits for society. Jobs and climate clear winners in an economy based on renewable energy and resource efficiency, Club of Rome.

(6) Piketty, T., Capital in the Twenty-First Century, Cambridge, The Belknap Press of Harvard University.

(7) Rotman, D. (2013), How Technology Is Destroying Jobs, MIT Technology Review, https://www.technologyreview.com/s/515926/how-technology-is-destroying-jobs/

(8) EY (2015), Global VC investment landscape.

(9) Osborne, C y Frey, A. (2013), The future of employment: how susceptible are jobs to computerization?

(10) Borg, Anders (2016), How will the Fourth Industrial Revolution affect economic policy?, WEF, https://www.weforum.org/agenda/2016/01/how-will-the-fourth-industrial-revolution-affect-economic-policy/

(11) Hawking, S. (1 de mayo de 2014), Transcendence looks at the implications of artificial intelligence - but are we taking AI seriously enough?, The Independent, http://www.independent.co.uk/news/science/stephen-hawking-transcendence-looks-at-the-implications-of-artificial-intelligence-but-are-we-taking-9313474.html

(12) Kurzweil, R. (2012), La Singularidad está cerca, Berlín, Lola Books.

(13) Harari, Y. (2015), Sapiens, Londres, Vintage Books.

(14) Mason, P. (2015), Postcapitalism, Londres, Penguin.

(15) Comisión Europea (2016), Informe sobre el progreso digital en Europa (EDPR) 2016.

(16) Chakravorti, B. et al (2014), Digital Planet: Readying for the Rise of the e-Consumer, Boston, The Fletcher School, Tufts University.

(17) Una economía circular, a diferencia de una lineal, se fundamenta en la producción de bienes diseñados para su reciclaje, reutilización y reaprovechamiento de sus componentes; para conocer más sobre el origen del concepto es recomendable consultar los materiales de la Ellen MacArthur Foundation, https://www.ellenmacarthurfoundation.org/circular-economy (consultada el 20 de junio de 2016)

(18) El desarrollo de la misma podría aportar más de cuatro billones adicionales de dólares a la economía mundial hasta 2020, de acuerdo con las estimaciones de Accenture y Lacy, P. y Rutqvist, J. (2015), Waste to wealth. The circular economy advantage, Londres, Palgrave.

(19) Graeber, D. (2015), The utopia of rules. On technology, stupidity, and the secret joys of bureaucracy, Brooklyn, Melville House Publishing.

(20) Wijkman, A. y Skånberg, K., The circular economy and benefits for society. Jobs and climate clear winners in an economy based on renewable energy and resource efficiency, Club of Rome.

(21) Wijkman y Skånberg, op. Cit.

(22) Kaplan, J. (2015), Humans do not need to apply. A guide to wealth and work in the age of artificial intelligence, New Haven, Yale University Press.

(23) Mazzucato, M. (2014), The entrepeneurial state, Londres, Anthem Press.

(24) Pissarides, C. (2012), Building a dynamic European labor market, Bruselas, Jobs for Europe.

(25) Harari, op. cit.