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La televisión del futuro, la odisea del pasado

Por Adolfo Rodero, Managing Director de Media y Entertainment en Accenture. Publicado el 25 de mayo de 2016 en Cinco Días.

Cuando Steve Jobs hizo su presentación al mundo del iPad de Apple en 2010, algunos de los que la contemplaron pudieron tener una cierta sensación de déjà vu, y lo cierto es que no se engañaban – efectivamente habían visto eso antes–; de hecho, mucho antes, nada menos que el 2 de abril de 1968, si tuvieron la fortuna de asistir a la première de 2001: Una odisea del espacio, o en cualquier momento posterior si la disfrutaron en las salas de cine que la han venido exhibiendo desde entonces. En esta innovadora parábola sobre la evolución humana pueden verse perfectamente dos tabletas (que utilizan Bowman y Poole para ver la entrevista que les hacen desde la Tierra) que, salvo el toque de diseño de Jobs, tienen todo lo demás (forma, tamaño, función e incluso conexión inalámbrica con el módulo de comunicaciones de la nave).

En una película de 1968 se mostraron cosas que ocurrirían más de 40 años después y otras, más importantes para la trama, que no llegaron a ocurrir y probablemente no lleguemos a ver en esta generación, lo que nos lleva a algunas reflexiones sobre la innovación, la anticipación, la disrupción y en general el futuro. Con frecuencia, los elementos que revolucionarán la sociedad y los hábitos de consumo en los años venideros están ya presentes entre nosotros, si no de forma completa, sí de forma conceptual o experimental. Nuestra valoración sobre la importancia de cada factor en la disrupción tiende a ser menos precisa que nuestra visualización de esos factores. O sea, mientras que la tableta está concebida con un realismo y anticipación increíble, su capacidad de transformación de la sociedad es seguramente infravalorada, mientras que lo cierto es que la mayor parte de los consumidores y negocios estarán de acuerdo en afirmar que tanto tabletas como smartphones han tenido un impacto directo en sus vidas y en la transformación de la sociedad mayor que cualquier viaje espacial.

Eso nos lleva a la tercera reflexión, lo más disruptivo para la sociedad, los individuos y los hábitos de consumo no son siempre los grandes hitos que nos hacen avanzar, sino que son cosas mucho más simples, tan simples que a veces pasan inadvertidas hasta que su adopción masiva revela todo su potencial. Esto es ante lo que podemos encontrarnos con la llamada televisión over-the-top, a la que podemos acceder desde smart TV, tabletas, PC, consolas y móviles mediante el uso de aplicaciones proporcionadas por los prestadores de estos servicios.

Una modalidad de consumo de televisión bajo demanda que empezó aquejada de limitaciones técnicas (como la necesidad de contar con un gran ancho de banda), de experiencia (interfaces de usuario poco amigables y de pobre diseño) y comerciales (la necesidad de construir una masa crítica de consumo mínimo para hacer el modelo de distribución viable, pero que ha ido ganando adeptos y popularizándose gracias a las ventajas que ofrece (menor coste de distribución, entornos abiertos, menor coste y complejidad de dispositivos en el hogar, posibilidad de controlar el contenido a ver y el momento de visionado, posibilidad de acceder a contenidos desde múltiples dispositivos), sino también a las mejoras que han venido realizándose sobre el producto y que benefician a todos los participantes en el ecosistema. Mejoras en la experiencia de usuario, que ha pasado de ser disuasoria a ser uno de los principales atractivos del producto, simples, cuidados, bien diseñados y con casos de uso bien estudiados. Entrada de los principales actores del ecosistema, desde las compañías de comunicaciones, que venían apostando por un modelo puro IPTV y que han ampliado su servicio con plataformas over-the-top puras, a las televisiones tradicionales, que han reforzado e invertido en sus incipientes servicios OTTV, y los actores puros OTTV.

Mejoras en los contenidos, lejos quedan los tiempos en que las plataformas OTTV eran la herramienta para dar salida a contenidos de baja demanda e interés marginal. Mayor atractivo para los anunciantes, no solo por la experiencia más inmersiva, sino por la mayor capacidad de personalización y adaptación al consumidor final de los productos publicitarios.

Así pues, la pregunta que muchos buscan contestar para dirigir adecuadamente su estrategia de producto e inversión es precisamente esa… ¿Estamos ante la forma de consumo de televisión que dominará la próxima década o se trata simplemente de un paso más en la evolución gradual de los hábitos de los consumidores?