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Avanzando hacia una infraestructura sostenible

Por Paz Nachón y Julio Lequerica, de Accenture Strategy. Publicado el 23 de marzo de 2017 en Ejecutivos.

En un mundo cada vez más digital corremos el riesgo de olvidar la importancia que las infraestructuras tienen para el desarrollo económico y social. Éstas permiten que el mundo se mueva, proporcionan acceso a servicios fundamentales con un impacto enorme sobre la esperanza de vida y hacen del mundo un lugar menos hostil para los seres humanos.

En la actualidad, la existencia y disponibilidad de infraestructuras es algo que se da por sentado, sin embargo, en buena parte del mundo esto no es así todavía. Es más, diferentes países avanzados están viendo como sus redes de infraestructura comienzan a quedar obsoletas.

Es entonces, al hacerse explicita la falta de infraestructuras adecuadas, cuando surge la preocupación internacional por lo que se ha llamado el gap o brecha de las infraestructuras. Pero ¿por qué se produce esta falta de infraestructuras? En gran medida es debido a que éstas consumen grandes cantidades de recursos y que son, por naturaleza, activos con una vida útil larga, cuya correcta gestión requiere de una planificación a largo plazo.

La preocupación se ha centrado casi de forma exclusiva en la carencia de recursos financieros para satisfacer las inversiones necesarias. Esta carencia no es menor, según estimaciones del Foro Económico Mundial alcanzaría el billón de dólares anuales. Sin embargo, esta visión obvia otras dimensiones fundamentales.

El sector de la construcción y las infraestructuras es un gran consumidor de recursos naturales, especialmente áridos, cemento y acero, procedentes de sectores industriales con un notable impacto ambiental y una importante huella de emisiones de gases de efecto invernadero. Además, la renovación de infraestructuras supone, en la mayor parte de los casos, la generación de grandes volúmenes de desechos que en muchas ocasiones han acabado en vertederos, totalmente desaprovechados.

Es en este punto donde la sostenibilidad se convierte en un imperativo para las infraestructuras del mañana. Así lo recoge la Agenda 2030 de las Naciones Unidades para el Desarrollo Sostenible, donde las infraestructuras son un concepto transversal a buena parte de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Las infraestructuras son, además, protagonistas de uno de ellos, el noveno: Innovación, Industria e Infraestructura, que reconoce a la inversión en infraestructura, conjuntamente con la industria, como motor fundamental del crecimiento y el desarrollo económico.

Pero ¿qué debemos entender por infraestructura sostenible? Existen tres ejes que determinan que una infraestructura sea sostenible:

Primero, cuando en su desarrollo se logra un uso eficiente de los recursos reutilizando materiales procedentes de demolición, nuevos compuestos con menor impacto o diseños muchos más eficientes entre otros.

Segundo, cuando minimiza los impactos, una vez construida, durante su fase de utilización, y posteriormente, una vez fuera de uso, bien sea logrando reducir el consumo de energía de un edificio, el consumo de combustible en una carretera o posibilitando que los componentes puedan ser desmantelados y reutilizados a través de un diseño modular.

Y tercero, cuando garantiza que dispone de todos los recursos necesarios para su funcionamiento, incluidos los financieros.

Afortunadamente las infraestructuras sostenibles no son una ensoñación de un futuro lejano sino una realidad presente y España es un buen ejemplo de ello. Las empresas y administraciones españolas del sector han hecho realidad un desarrollo de las infraestructuras espectacular en los últimos años, que está contribuyendo a la vertebración del país y a su conexión con el exterior. Estas mismas empresas continúan hoy desarrollando iniciativas innovadoras para alcanzar un sector más sostenible.

Para ello, integran el ecodiseño o la economía circular para lograr un uso más eficiente de los recursos que se concretan en nuevos materiales y compuestos revolucionarios que acabarán sustituyendo a los actuales.

Promueven el desarrollo de edificios e infraestructuras pasivos, que son capaces de consumir menos energía y agua a través de la integración de las energías renovables o cubiertas vegetales, o construyen otras que ayudan en la adaptación al cambio climático, como desoladoras o plantas de tratamiento de aguas residuales.

Diseñan nuevos modelos de provisión, en colaboración entre el sector privado y el sector público, que garantizan los recursos financieros necesarios.

Todos estos ejemplos suponen una evolución hacia un sector más sostenible, pero también suponen retos que no deben ser minusvalorados: nuevos modelos de negocio, nuevas formas de trabajar, nuevas tecnologías y nuevas capacidades. Para superarlos es necesario acercarnos a una visión integral de las infraestructuras y los modelos de negocio del sector desde la sostenibilidad, que aporte unos cimientos sólidos para un desarrollo de infraestructuras, apoye el crecimiento y la rentabilidad en términos socio-económicos, y sea sostenible a largo plazo.

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