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Ahora

Por Javier Cortina, Managing Director de Accenture, Publicado el 1 de Octubre en Empresa XXI

Después del maratón electoral al que nos estamos sometiendo este año y llegando el que seguramente será el más importante para la consolidación de nuestra recuperación económica uno echa en falta la ponderación que los factores económicos tiene a la hora de pedir (y probablemente de emitir) nuestro apoyo. Claro, es que todo no es economía me decía el otro día un buen amigo. Pues la verdad es que sí, que muy buena parte de lo que nos rodea, de lo que hacemos o podemos hacer, está relacionado con la economía. Con la forma en que priorizamos y distribuimos nuestros recursos y por supuesto la manera en la que los generamos. Porque para distribuir, primero hay que tener y para tener, administrar bien quien los tenga y generar el que no haya tenido la suerte de estos últimos como en general es nuestro caso. 

Nuestra capacidad de generar recursos ha estado históricamente íntimamente ligada a nuestra diferenciación en nuestra industria. Mantener una capacidad industrial relevante se antoja fundamental para nuestro mantener nuestros niveles de desarrollo de manera sostenida. En este sentido tiene mucha relevancia el objetivo que se ha planteado la Comisión Europea para reimpulsar nuestra actividad industrial hasta suponer el 20% de producto interior bruto. Aumentar nuestra capacidad industrial depende entonces de nuestra propia capacidad de competir así como de hacerlo en un entorno justo, que la proteja del comercio en condiciones desleales. 

Es mucho sin duda lo que una industria tan relevante para nosotros como lo es la industria siderúrgica ha avanzado y continúa haciéndolo desde el punto de vista de innovación y competitividad. Lo es sin duda también la relevancia que tiene en el desarrollo de nuestro entorno económico de forma sostenida (como referencia 350.000 empleos directos en Europa y aproximadamente millón y medio de empleos de calidad ligados a la distribución del acero fabricado en nuestras fronteras). Y lo es lo mucho que la industria está contribuyendo a que además de su característica de “material permanente”, la fabricación de un producto tan necesario se haga de manera cada vez más sostenible, con una disminución de emisiones del 25% desde 1990. 

Pues bien, el caso es que mientras la demanda de acero en Europa crecía en 2014 entorno al 4%, los principales beneficiarios de este crecimiento, han sido las importaciones desde países terceros con importante participación de China (30% de las importaciones europeas de producto plano). Un país que “no es una economía de mercado, donde la planificación estatal y los subsidios a la industria están en el DNA del país” según apuntaba Markus Taube en un estudio recientemente publicado. 

Es necesario que quien nos vaya a gobernar tenga en consideración las recomendaciones que de forma clara han sido compartidas por la industria recientemente para mejorar su competitividad y garantizar que se compite en condiciones de trasparencia y lealtad adecuadas. Esperemos que así sea.