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“Fintech”: El reto de la banca actual

Por Juan José Alonso Bermejo y Manuel Matos, de Accenture Strategy, en Harvard Deusto


Por Juan José Alonso Bermejo y Manuel Matos, de Accenture Strategy. Publicado el 1 de noviembre de 2016 en Harvard Deusto.

Los operadores de capital riesgo, gerentes de inversiones y restantes corporaciones financieras están invirtiendo una enorme cantidad de dinero en start-ups fintech, empresas de tecnología financiera de última generación, que han permitido a los usuarios llevar consigo, en el bolsillo, en el móvil, todos los servicios de su sucursal bancaria. ¿Qué oportunidades de negocio aparecen en este sector?

Desde 2010, se han invertido más de 50.000 millones de dólares en unas 2.500 empresas innovadoras de todo el mundo que están redefiniendo la forma en que ahorramos, pedimos prestado, invertimos, movemos o gastamos nuestro dinero. De hecho, el valor de la inversión mundial en fintech (compañías financieras tecnológicas) creció un 75% en 2015, hasta alcanzar los 22.300 millones de dólares, debido, sobre todo, a las acciones llevadas a cabo por empresas de capital riesgo de Europa y de la región de Asia-Pacífico –APAC– (donde las empresas fintech recibieron más del 50% de toda la inversión en el primer trimestre de 2016). El sector del fintech se consolidó así como el más pujante de los servicios financieros (ver gráfico 1).


Gráfico 1:  Actividad financiera mundial de las fintech (2010-2015)

Gráfico 1

Fuente: Análisis de Accenture sobre información del banco de datos de capital riesgo CB Insights.


Un sector en crecimiento

El mercado de las fintech ha madurado a pasos agigantados, y buena muestra de ello son las situaciones de enfriamiento del crecimiento de la inversión en este sector que ya se están produciendo en algunas áreas geográficas –mientras que en otras aún se está iniciando su expansión–, el aumento de los acuerdos de grandes inversores, el éxito de numerosas ofertas públicas de venta e incluso la desaparición de algunas compañías que fueron emergentes pero no han sabido situarse en el terreno de juego.

Así, en 2015, empresas como PayPal, Square, WorldPay y First Data alcanzaron una capitalización de mercado de miles de millones de dólares con ofertas públicas de ventas, cifra muy superior a la de muchas instituciones financieras históricas. Compañías a las que actualmente se les han sumado otros veinte “unicornios” fintech valorados en más de mil millones de dólares. No obstante, en 2015 también se produjo la desaparición de algunas empresas relevantes del sector, como la británica Powa Technologies, que llegó a ser considerada una de las más brillantes nuevas empresas tecnológicas del Reino Unido el año pasado y que, menos de doce meses después, entró en administración judicial al no poder satisfacer las altas promesas de rentabilidad hechas a sus inversores.

El comienzo de 2016 mantiene intacta la confianza del inversor, con la llegada de 5.300 millones de dólares invertidos en el sector en el primer trimestre, impulsada en gran medida por dos inversiones chinas, cada una de ellas superior al umbral psicológico de los mil millones de dólares. El notable crecimiento del primer trimestre es una señal segura de que el sector podría estar a punto de vivir otro año excepcional.

Cambios en la composición 

A finales de 2015 asistimos al enfriamiento producido en algunos de los centros donde se reúnen las fintech (Silicon Valley, Nueva York y Londres), y ya estamos viendo que la pujanza del sector se está trasladando a otros rincones del mundo –Austin, Estocolmo, Bombay–, donde el crecimiento antes era más lento. Toda una región, la zona APAC, ha cuadriplicado la inversión en fintech hasta alcanzar los 4.300 millones de dólares en 2015. Teniendo en cuenta el fértil ecosistema tecnológico de APAC, su trayectoria de rápido crecimiento económico y el aumento de su clase media, la región apunta a un crecimiento digital de primer orden. Es más, cada vez hay un mayor interés por la inversión en el sector, incluso en algunos de los segmentos de fintech de más reciente aparición, tales como InsurTech, RiskTech y RegTech (ver cuadro1).

Otro síntoma de madurez del sector es el creciente número de ofertas de alta tasación. En 2015, se produjeron 94 acuerdos con fintech por un importe superior a los 50 millones de dólares, entre las que se encuentran una serie de acuerdos gigantes como la ronda de financiación de más de mil millones de dólares lograda por SoFi, compañía financiera de préstamos en línea.


CUADRO 1: El auge de InsurTech

Las primeras aplicaciones que desarrollaron las empresas de fintech (y en las que se centraron las inversiones de los operadores de capital riesgo) fueron las que se destinaban a los pequeños pagos corrientes. Sin embargo, y a medida que ese mercado se iba consolidando, hemos ido asistiendo a un creciente proceso de diversificación de sus posibilidades. Uno de esos nuevos territorios por los que se está apostando (y que más inversión está generando en cuestión de meses) es el de los seguros. Un nuevo nombre viene asociado al proceso: InsurTech.

Las fintech “originales” se puede decir que ya forman parte habitual del panorama inversor del sector financiero; sin embargo, todavía no es así en los seguros, donde, pese a estar experimentando un fuerte crecimiento, la presencia de inversores sigue siendo incipiente: en 2014 las insurtech recibieron menos de 800 millones de dólares de financiación, y, en 2015, con un crecimiento inversor de más del triple, hasta llegar a cerca de 2.600 millones de dólares, la cifra seguía siendo relativamente modesta.

Las aseguradoras, en términos generales, siguen ancladas a un modelo de negocio tradicional, basado en la puesta en común de riesgos, el cálculo promedio de precios y con las primas como principal foco de generación de ingresos brutos. Este modelo, ni que decir tiene, va a sufrir un ataque tecnológico digital de alcance, por el uso de dispositivos portátiles, objetos “inteligentes” y la conectividad de los vehículos. Al mismo tiempo, estas nuevas tecnologías pueden proporcionar a las aseguradoras un aluvión de datos que permitan ampliar las posibilidades de evaluar riesgos, mejorar la experiencia de uso del cliente y, no menos importante, reducir costes. Valga como ejemplo el acuerdo entre la aseguradora neoyorquina Oscar Health Insurance y la empresa multinacional (Vietnam, Corea del Sur y Estados Unidos) Misfit, fabricante de dispositivos “vestibles” (wearable), que permite personalizar las ofertas de seguros a sus clientes, vinculando la información que ofrecen las pulseras Shine de Misfit, con el seguro de salud contratado con Oscar…

Otro ejemplo de la simbiosis entre empresas de distintos sectores se puede ver entre la veterana aseguradora estadounidense Progressive y la tecnológica bostoniana Censio, que ha desarrollado un software para medir automáticamente y controlar los datos de la forma de conducir de los clientes mediante una aplicación cargada en el móvil…


De la competencia a la colaboración 

Se pueden resumir en dos los diferentes tipos de empresas fintech por su forma de trabajo (ver cuadro 2):

-         Las competitivas: rivales directos de las instituciones de servicios financieros tradicionales.

-         Las colaborativas: buscan mejorar sus sitio en el merado a través de alianzas con jugadores tradicionales.

Las primeras son las que han gozado, inicialmente, de éxito relativo, arañando directamente clientes al sector bancario y financiero, mejorando la experiencia del consumidor con el manejo de productos en los que son expertos. Son ejemplos de fintech competitivas OnDeck Capital, que ofrece préstamos rápidos para PYMES, Square Register, con algo que se podría definir como “tarjetas de crédito” para pequeños comercios, y eToro, que se presenta como “el primer sitio global para comerciar con divisas, materias primas e índices en línea”.

Sin embargo, la mayoría de las fintech han ido derivando al modelo colaborativo, porque el competitivo cuenta, como hándicap, con clientes que ofrecen escasas rentabilidades. Por otra parte, tanto las que son colaborativas desde su nacimiento, como las que han cambiado de modelo por la escasa rentabilidad del modelo competitivo, se han ido aproximando cada vez más a las firmas tradicionales para tenerles como posibles socios. 

Curiosamente, y pese a que la globalización es un hecho, hay cierta incertidumbre en el entorno fintech debido a la regulación, que avanza de forma más lenta que la tecnología. Algunas empresas puede que se estén moviendo de momento en zonas grises, con lo que cambios en regulación podrían suponerles alguna dificultad. La realidad es que sigue habiendo diferencias marcadas entre la relación entre la inversión colaborativa y competitiva según el mercado en que nos fijemos. Por ejemplo, en los últimos cinco años, el desvío de la inversión hacia las fintech colaborativas ha sido particularmente destacable en Nueva York, habiéndose pasado de una inversión cifrada en el 37% en 2010 al 83% en 2015. Por el contrario, en el Reino Unido pre-Brexit, donde la economía la lidera la City, con unas normas reguladoras mucho más favorables para la competencia, la tendencia es completamente opuesta, y allí el 90% de la inversión se destina a empresas fintech competitivas. Y la inversión procede, paradójicamente, de operadores de la economía que podríamos denominar “tradicional”: por ejemplo, Atom Bank –el primer banco del Reino Unido que opera solamente mediante dispositivos móviles– acaba de ponerse en marcha en abril de 2016 después de recibir 68 millones de dólares de inversión por parte del BBVA español, a cambio de una participación del 29,5% de sus acciones.

Esta acción no supone, por otra parte, tendencia: las fintechs sí desean satisfacer las necesidades de la industria bancaria, pero esta no atiende sus solicitudes en la medida deseada. En 2015, los bancos participaron en menos del 10% de todas las ofertas de fintech reportadas, totalizando algo menos de 5.000 millones de dólares de inversión, lo que no deja de ser un riesgo para la banca tradicional: su baja inversión en fintechs –combinada con las reservas destinadas a “cambiar el banco” [acciones destinadas a mejorar la operatividad del banco en todas las áreas]– puede terminar dificultando su capacidad para ganar la futura (inmediata) batalla de la relevancia frente al cliente.


CUADRO 2: Mapa térmico de fintechs – Riesgos y oportunidades (# de negocios entre 2010 y 2015)

Gráfico 2

 Un panorama complicado

Los bancos ya reconocen que las empresas fintech pueden suponer, en términos generales, más una oportunidad de colaboración que una amenaza. Sin embargo, pese a todo, todavía quedan desafíos abiertos en varios frentes:

- El impacto de las GAFAA

Gigantes de la tecnología como Google, Apple, Facebook, Amazon y Alibaba (a los que nos referiremos como GAFAA, por sus respectivas iniciales) han jugado un papel determinante en el sector financiero, ya que ofrecen un servicio excelente y han sentado las bases de lo que los clientes quieren encontrar cuando navegan por una página web. Como consecuencia, las compañías financieras se han visto presionadas para reducir costes e impulsar un tipo de relaciones más cercanas y rentables con sus clientes. Es lo que la consultora Fjord define como “expectativas líquidas”; es decir, la medición que los clientes hacen de la calidad de sus servicios usando como referencia la que reciben en otros sectores. Google, por ejemplo, ofrece al cliente una experiencia completa con un único inicio de sesión: desde el tradicional motor de búsquedas a un servicio de mapas y fotos por satélite de cualquier rincón del globo, pasando por la tienda de aplicaciones Play Store. Y todo ello funciona sin problema y sin coste alguno para el usuario. Si los clientes no encuentran algo así en su banco pueden considerarlo como un servicio deficiente.

Con su papel hegemónico entre los consumidores, las GAFAA han comenzado también a prestar servicios financieros específicos a sus clientes, satisfaciéndoles necesidades también específicas. Amazon ofrece préstamos para la pequeña empresa a través de un servicio llamado Amazon Lending. Google Wallet permite realizar compras en línea a través del correo electrónico, y Apple ha integrado pagos en sus nuevos dispositivos con autentificación táctil. Facebook, por su parte, ha puesto en marcha un servicio gratuito de pago “Friend-to-Friend”.

En este escenario, el papel de las nuevas tecnologías es clave para que los bancos de siempre puedan seguir operando en su modelo vertical o decidan si quieren convertirse en una plataforma proveedora de servicios.

- El auge de las plataformas

El panorama bancario no sólo está cambiando de cara a la atención presencial en la sucursal; las funciones centrales de procesamiento también están cambiando. Tradicionalmente, los bancos han controlado de principio a fin, por sí mismos, la mayor parte de sus procesos, pero con el aumento de las liquidaciones de sus divisiones de operaciones de procesamiento –ya sea por elección o por la presión regulatoria– este modelo está empezando a cambiar. Asimismo, está naciendo una nueva generación de empresas independientes, con la rentabilidad como único objetivo, que podría suponer una amenaza para el statu quo de las compañías bancarias tradicionales.

Por todo esto, los bancos deben fijarse en el modo en que las GAFAA ofrecen sus respectivos servicios a sus clientes con el alto grado de satisfacción que éstos admiten. Una posibilidad es la creación de determinado tipo de asociaciones, con las que se podría acceder a sus ingentes bancos de datos de clientes para poder ofrecer a éstos nuevos servicios y productos. Hay partes de la cadena de suministro de su negocio bancario que han debido incorporar por la evolución tecnológica y lo deseable sería que abandonaran esos capítulos en los que no son expertos para que los desarrollen empresas que sí lo son, mientras que los bancos se centran en lo que es estrictamente su negocio, donde pueden lograr mayores beneficios. De todas formas, es fundamental reflejar que la banca, incluso en su ámbito más tradicional (no solo en áreas de innovación), tendrá que evolucionar y cambiar internamente sus procesos y sus tecnologías para ser más ágil, tomando lecciones de este tipo de empresas tecnológicas.

Las reacciones de la banca

En el informe “El futuro de las fintech y la banca”, elaborado por Accenture, se han identificado tres acciones fundamentales de los bancos que permitirían aprovechar con éxito las oportunidades que ofrece la revolución digital:

  1. Colaborar: El concepto de colaboración –o “co-innovación”, si se prefiere– se tiene cada vez más en cuenta entre servicios financieros y nuevas industrias tecnológicas. Una encuesta puso de manifiesto que tres quintas partes de los participantes confiaban en la hipótesis de un horizonte futuro en el que el mercado potencial para los servicios financieros crecería mediante alianzas de complementariedad entre los diferentes actores. No sólo es importante darse cuenta de que se pueden establecer alianzas con fintech, sino también estar preparado para establecer esas colaboraciones de forma ágil, con el objetivo de probar cosas nuevas y poder seguir el ritmo de evolución del mercado.
    Un ejemplo de colaboración consiste en actuar de forma abierta. El acceso libre a las innovaciones forma parte del alma de la revolución digital, ejemplificada por el movimiento de código abierto. A lo largo del año pasado hemos visto instituciones financieras de éxito que siguen estos comportamientos. Por ejemplo: Goldman Sachs ha situado su código fuente en la plataforma colaborativa de software GitHub, lo que permite que programadores externos a dicho banco la utilicen y mejoren. BBVA también ha puesto en pie Innova Challenge, un proyecto similar con el que su propia plataforma se abre a la comunidad de desarrolladores, a través de una API. Y también hemos observado otra interesante propuesta abierta y colaborativa: el “blockchain”, que se emplea en el sistema de cifrado de la moneda virtual Bitcoin.
    Esta colaboración entre banca y fintech no tiene por qué plantearse exclusivamente, en una única dirección, sino que puede ser de ida y vuelta: no sólo es que los bancos se aprovechen de nuevos servicios o tecnologías procedentes de estas compañías, sino que también podrían diversificar sus ingresos proporcionándoles servicios a estas (en base a datos, cartera de clientes, conocimientos, etc.).


  2. Invertir: La inversión de riesgo se ha asociado generalmente al modelo de innovación de las start-ups. Pero ahora, más que nunca, las empresas tradicionales de servicios financieros deben también tomar esta ruta para tratar de generar innovación para su negocio. De hecho, un tercio de los bancos encuestados ya cuentan con una división operando de esa manera, y otro tercio espera hacerlo en los próximos dos años. American Express, BBVA, HSBC, Santander y Sberbank ya han puesto en marcha inversiones corporativas en los últimos cuatros años, cada uno de ellos por valor de, al menos, 100 millones de dólares. Por otra parte, los bancos también pueden reaccionar a través de adquisiciones de ciertas empresas a medida que el sector fintech va madurando. Al fin y al cabo muchos de los inversores de estas start-ups buscan esa venta para recoger beneficios, hecho que pueden aprovechar los bancos para dotarse de nuevas capacidades y no quedarse atrás.

  3. Desarrollar: Se trata de buscar nuevas innovaciones internas que den lugar a productos y servicios que compitan con lo mejor del FinTech. Un ejemplo de ello es Citicoin, una criptomoneda similar al Bitcoin que el equipo de innovación de Citi ha desarrollado para sus transacciones transfronterizas.

Estrategias para aprovechar las oportunidades

Para que los bancos puedan adaptarse y triunfar en el nuevo panorama digital, deben revisar su estrategia de negocio y adoptar una posición clara sobre cómo quieren abordar el futuro. Aquí se recogen algunas estrategias para el corto, medio y largo plazo previsible.

- A corto plazo: Para mejorar sus modelos de negocio, los bancos empiezan a buscar nuevas estrategias basadas en la inversión en tecnologías de fácil aplicación dentro de la industria. La automatización robotizada de procesos (RPA) y la apuesta por líderes que favorezcan la disrupción digital son medidas imprescindibles para hacer frente a las nuevas dinámicas del sector.

- A medio plazo: Los bancos se beneficiarán del desarrollo de un programa tecnológico a varios años vista que incluya su análisis, inversión y aplicación. Asimismo, la estrategia corporativa de estas empresas deberá reflejar la idea de que todo debe girar en torno al cliente, por lo que, también, deberán situarse más cerca del núcleo de la vida digital de este. Para conseguirlo será imprescindible que los trabajadores cuenten con los conocimientos adecuados para el nuevo entorno digital.

- A largo plazo: Los bancos tendrán que considerar cómo ampliar sus franquicias para desarrollar un ecosistema de servicios que gire en torno a sus clientes. Necesitarán poner a prueba sus propios modelos de negocio, lo que podría suponer canibalizar los ingresos a corto plazo con el fin de ser cada vez más relevantes para sus clientes y alcanzar, a largo plazo, la posibilidad de ingresos muy superiores. También tendrán que hacer mayores inversiones de riesgo en innovación, y no esperar que la rentabilidad de las inversiones sea tan clara como solía ser históricamente.

La ola de innovación disruptiva actual será vista en cinco años como el origen de servicios bancarios más seguros, transparentes, eficaces y sensibles, adaptados a los intereses tanto de los clientes como de las empresas y de otros actores participantes en el mercado. Los bancos que puedan evaluar, adaptar y adoptar las nuevas tecnologías más rápidamente serán los que estarán mejor posicionados para alcanzar el lugar al que aspiran en la nueva estructura de la industria.