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NOTAS DE PRENSA


La economía circular es una oportunidad que españa no puede dejar escapar

Por Paz Nachón, Senior Manager de Accenture Strategy, Manuel Torres, Managing Director de Accenture Strategy y Julio Lequerica, Accenture Strategy Consultant.

En 1930 John Maynard Keynes, en su conferencia en la Residencia de Estudiantes, vaticinaba que en 100 años los hombres habrían superado la lucha contra la escasez, el problema que ha definido la economía moderna. La humanidad, entonces, se vería acuciada por la necesidad de aprender a cultivar el arte de la vida misma y de disfrutar de ella de manera “sabia, placentera y buena”.

A menos de 15 años del plazo concedido por Keynes, la humanidad ha sido capaz de generar prosperidad y bienestar para más gente, por primera vez menos del 10% vive en la pobreza extrema. Sin embargo, con la respuesta del modelo actual a la mayor demanda, de carácter lineal -extraer recursos- fabricar –distribuir-consumir-desechar-, la presión sobre las materias primas y recursos no renovables persiste y aumenta.

Países como España, desarrollados pero con unos recursos naturales muy limitados, se ven obligados a destinar una parte importante de la riqueza que generan a adquirir en el exterior estos recursos mientras, al mismo tiempo, se deshacen de productos aún útiles que atesoran en su interior los recursos y el valor añadido en la estructura productiva.

En el contexto actual, la globalización refuerza esta competición por los recursos, incrementando su precio y volatilidad, y lo extiende incluso al capital humano, en un momento en que la concepción de carrera profesional está cambiando e impone nuevas exigencias para el desarrollo y captación de talento.

La economía circular surge como respuesta para permitir un crecimiento sin depender únicamente del uso de recursos, utilizando para ello tecnologías avanzadas y modelos de negocio que incorporan nuevos principios de longevidad, renovación, reutilización, reparación, actualización y colaboración, y que sacan provecho de la revolución digital.

Una economía circular supone ir un paso más allá de la mera eficiencia operativa, iniciándose desde el propio diseño y concepción para crear productos y servicios sujetos a un ciclo continuado de utilización y reutilización, en el que la propiedad deviene en acceso, y permite reducir los residuos e incrementar sustancialmente la productividad de los recursos.

Según estimaciones de Accenture, la economía circular podría aportar a la economía mundial algo más de cuatro billones y medio de dólares en 2030, cuatro veces el tamaño de la economía española. Son muchas las empresas que ya trabajan en la economía circular y encuentran en ella su ventaja competitiva, ya sea fabricando calzado desmontable y reciclable, valorizando subproductos en el sector del automóvil, produciendo energía a partir de residuos urbanos o fundamentando sus modelos de negocio sobre plataformas colaborativas.

Sin embargo, y aunque las empresas son clave para impulsar una economía circular, el papel de los gobiernos no lo es menos al crear las condiciones para el cambio en los mercados y el modelo productivo. Según un estudio del Pacto Mundial de las Naciones Unidas y Accenture, el 83% de los ejecutivos de empresas creen que los gobiernos deben incrementar sus esfuerzos para crear un entorno que favorezca la sostenibilidad, y consideran que la intervención de los gobiernos es necesaria para conseguir un impacto colectivo y transformador.

Algunos gobiernos ya han dado pasos en esa dirección. En Europa, la Comisión Europea está trabajando sobre un paquete de economía circular que se presentará a finales de este año, y que tiene como objetivo fomentar la competitividad y la innovación, abordando todas las fases de la cadena de valor. Varios países europeos cuentan ya también con sus propias estrategias de economía circular orientadas a transformar sectores claves de actividad. ¿Y en España? ¿Qué pueden hacer las Administraciones Públicas?

La Administración tiene un papel básico para crear un marco institucional que garantice la estabilidad de las inversiones a largo plazo y genere incentivos a los modelos circulares más eficientes. Este marco requiere, entre otras medidas, concretar una estrategia pública, un sistema jurídico estable y adaptado a la economía circular y un cambio en la carga fiscal que grave los recursos consumidos y los residuos generados.

Además las Administraciones pueden asumir un rol catalizador activo de la economía circular creando un ecosistema de empresas de la economía circular a través de una inversión pública inteligente que traslade los principios de la economía circular al contexto local y posibilite economías de escala y superar carencias de conocimiento, o constituyéndose como ejemplo al incorporar los principios de la economía circular para la mejora de su propia operativa interna. La Administración, a través del gasto público, está llamada a jugar un papel clave para promocionar y apoyar la economía circular incorporando criterios circulares en la adjudicación de licitaciones públicas o desarrollando experiencias de Compra Pública Innovadora circulares a la vez que consigue una menor dependencia de los recursos.

Seguramente Keynes no pensaba en la economía circular en 1930, aún quedaba mucho tiempo para ello, y probablemente tampoco sea capaz por sí sola de llevarnos directamente a ese momento imaginado por Keynes, en el que nuestra preocupación única sería aprender de nuevo a disfrutar del placer del canto y de las artes, pero contribuirá a la generación de una mayor riqueza y a estrechar nuestro inaplazable compromiso con un mundo de recursos finitos que pronto estará habitado por nueve mil millones de homo sapiens, deseosos de una vida sabia, placentera y buena.